ÁNXELES PENAS
El Ideal Gallego”. 2 de abril de 2006


F. YÁÑEZ, EN PARDO BAZÁN

"Lux Aeterna" es el título que el lucense F. Yáñez ha puesto a la obra que muestra en la galería Pardo Bazán y que está inspirada en el "Requiem" de Mozart, con el que confiesa haberse motivado mientras pintaba. No sé si ha sido la intensa pasión espiritual sentida por el gran músico vienés la que se deslizó a estas obras, pero lo que sí es cierto es que todo el encendido rojo del centro del espectro solar ha llegado a ellos, puro, intenso, en su más alto grado de brillo y de saturación, que las tenebrosas páginas que lo acompañaban hacen aún más potente, más vivo.

Composiciones escuetas, en una línea muy minimalista, con el rectángulo y el cuadrado como base, aluden a una desnudez cordial, a un vacío de sugestiones, en el que sólo impera como regla la luz sometida a geometría humana, una luz que tiene, por ello mismo, el color de la sangre. Pero como no hay luz que no proyecta sombras, aparecen a su lado planos impresionados, según la técnica del transfer, por borrosas imágenes, manchas desdibujadas que aluden un tanto esquinadamente, a la Santa Faz, la marca de algún modo que esa luz crística ha dejado en un ser humano divinizado. También sería posible imaginar que se trata de viejos pergaminos que esconden saberes antiguos.

En conjunto, toda la obra expuesta está basada en la ley del contraste y cada cuadro constituye una variante sobre el mismo tema, una nota repetida, de la cual, como en la música, sólo ha cambiado la posición; en este caso, la relación es espacial y de sus mutaciones se abren, como en los alfabetos o números, todas sus posibilidades.


 

JOAQUÍN LENS
La voz de Galicia”. 27 de marzo de 2006


LUX AETERNA

El pintor Fernando Yáñez (Lugo, 1978) presenta en la galería Pardo Bazán de A Coruña un conjunto de cuadros pertenecientes a su producción más reciente. Con motivo de su muestra anterior en la sala en 2003, comenzó a llamar la atención de la crítica por la fuerte personalidad de su trabajo, tan riguroso en la ejecución como alejado de modas al uso. Así Ánxeles Penas escribió: "Es una obra desnuda, despojada de todo elemento estético de distracción. Con una óptica minimalista lo que representa son descarnados diálogos de sombras". "Lo más destacado de su pintura es la disposición armónica de las masas entendidas como pigmento, la creación de espacios vacíos y las transparencias generadas por superposición. El barniz también contribuye a generar zonas de máxima intensidad lumínica que contrastan con otras que llegan al negro absoluto", en palabras de Antonio Garrido, quien también señala que la obra de Yáñez es "racionalmente fragmentaria como una partitura musical". Y, de hecho, esta Lux Aeterna está pintada bajo la inspiración del Requiem de Mozart, cuyos movimientos dan título a los cuadros: La crimosa, Rex tremendae, Confutatis, etc.

Si los historiadores destacan en la Misa de Difuntos del músico salzburgués la genial combinación de grandiosidad e intimismo, ésta podría ser también la clave del acierto de Yáñez: una magnífica combinación de ambiciosos planteamientos en torno a los límites del vacío y una sutil, delicada y exquisita ejecución pictórica.