LA MUERTE DE MI PINTURA

Es posible que el tema de la muerte, desde un punto de vista de búsqueda de lo irracional y lo desconocido, esté implícito desde hace tiempo en mi obra. Me interesa sobre todo, la dimensión espacio-temporal que se produce en el instante que nos elevamos de un mundo hacia un estado espiritual desconocido. Un instante de significación máximo, que sabemos que se producirá pero que lo hará de manera azarosa.

Recuerdo por ejemplo, mis trabajos de la serie “Espacios de vacío” de los años 2002 – 2003, donde indagaba de forma más abierta y general, en la representación azarosa del vacío, como un espacio de significación máxima. Un espacio que parte del vacío, como la muerte partiendo de la vida; siendo el límite entre las dos dimensiones el espacio sensorial que verdaderamente me interesaba a nivel artístico.

Durante los años 2004-2005 realicé una serie titulada “Requiem”. En esa época sentía especial interés por la misa funeraria inacabada de Mozart. Con un pretexto armónico, sensorial y cromático representé una serie de obras que indagaban en lo irracional, desde un punto de vista más personal que en la época anterior.

Después de unos años de recuerdos atrapados, representando espacios personales (serie LARES), volvió mi obra a sumergirse  en un estado puramente espiritual. Recuerdo el 2010 como el año del recuerdo hacia sensaciones anteriormente encontradas. Recuerdo mi obsesión por la representación de la tela “sagrada” (la sábana santa); Una reliquia que reflejaba el instante del salto entre la vida y la muerte. Representación enigmática e irracional hasta el momento, que trasciende el propio entendimiento humano.

Mis telas empezaron a arrugarse, buscando significados y respuestas a lo desconocido. Al principio aparecieron imágenes de personajes, venerados en vida y dignificados tras su muerte. Fue un instante que era necesario. En la actualidad, me interesa el propio alma de la pintura; que se complemente cromáticamente, que certifique el mundo espiritual que lo vio nacer, que se muestre a sí misma como lo que es: un espacio espiritual desconocido, inquietante y necesario.

Kandinsky lo explicaba hace 100 años: "La pintura es un arte, y el arte en total no es una creación inútil de objetos que se deshacen en el vacío sino una fuerza útil que sirve al desarrollo y a la sensibilización del alma humana. El arte es el lenguaje que habla al alma de cosas que son para ella el pan cotidiano, que sólo puede recibir de esta forma" (De lo espiritual en el arte)

A.M.E.N es el título de la serie en la que trabajo desde el 2010. Son obras que hablan de posiciones antagónicas como la vida y la muerte, que intentan representar historias que se dice que sucedieron, filtradas por la propia pintura de mi alma. A.M.E.N representa un puente entre lo divino y lo humano, entre la propia vida de cada obra y lo divino de su propia representación. A.M.E.N es pintura, mi pintura (Alma, Momento, Espacio y Necesidad).

Mi pintura tiene que morir cada cierto tiempo, para poder resucitar con fuerza en un espacio de vacio infinito, que de significado a mi propia alma.

Así sea

Fernando Yáñez